"Me merezco estar viva" - Relatos de mi 2025, Buenos Aires. Escrito el 30 de Octubre de 2025, Comunidad Haré Krishna, Minas Gerais
Hacía rato quería poner en palabras,
haciendo una especie de resumen de todo lo que viví en el año anterior,
que sin duda fue el impulso necesario que me llevó a estar hoy acá.
Claramente, no le saco ningún tipo de mérito a todo lo que viví en los años anteriores,
pero eso quedará para otro capítulo de esta historia.
Tenía 32 años, desde casi los 20 años vivía sola,
ya tenía una licenciatura finalizada y estaba terminando una maestría,
cursando también dos licenciaturas más.
Pues claro,
nunca era suficiente.
Aún así, en un punto,
el estudio siempre fue un cable que me permitía salir de mi realidad por un rato,
además de sin duda expandir mi mente.
Siempre me gustó la sensación que me produce internamente,
cuando leo, aprendo o experimento algo nuevo,
que me hace temblar todo lo que yo creía,
y me muestra un nuevo camino.
Dicho esto, tenía una vida promedio normal,
"deseada", "esperada".
Trabajaba, tenía un cargo en un lugar aparentemente importante,
con un equipo de personas.
Estaba alquilando el último departamento en el que viví mis últimos dos años en Buenos Aires,
donde, por primera vez,
había podido comprarme cosas nuevas y lindas que me gustaban.
Por decirlo de alguna manera, "estaba bien" o al menos eso creía.
Me ponía mis trajes, mis zapatos y salía hacia el nuevo día, que era el mismo de siempre.
Un día de tantos, después de claramente muchas situaciones anteriores de mi vida que sin duda,
llegaron a tope para mi,
llegué a mi casa y me sentía realmente infeliz.
No conseguía dormir en mi cama,
no conseguía disfrutar realmente de lo que había "logrado".
Volví a experimentar la sensación que tuve hace algunos años,
cuando estaba a punto de casarme.
Estaba ahí,
ya con todo casi listo,
y padecía una especie de infelicidad conocida.
Como tal vez creo que,
muchas veces le ponemos mucho peso a las cosas,
una especie de ilusión de cómo nos vamos a sentir,
sin siquiera tenerlo del todo claro.
Y como siempre,
la realidad sorprende,
para bien o para mal.
Es lo que es.
Volviendo al día de la oficina,
un día impulsada por esa impronta que me caracteriza,
busqué desesperadamente una psicóloga o una terapeuta,
pero que trabaje con microdosis de psilocibina.
Había escuchado hablar de esto,
y en ese momento, no estaba honestamente muy de acuerdo al instante que lo escuché.
Sin embargo, algo había quedado resonando en mi
Esto fue en un retiro que fui a principios de ese mismo año,
un retiro que también busqué en google,
en una búsqueda desesperada por alejarme y ver que me estaba pasando.
Cuestión que resultó ser un retiro budista.
Comencé mis sesiones,
donde en realidad yo estaba desesperada por probar la medicina,
y muy amablemente me explicaron el protocolo,
eran varias sesiones de terapia,
sumando un proceso de inducción
y también una serie de recomendaciones respecto a alimentación, ejercicio físico y registro.
Me costó, honestamente.
Si quería ir realmente a fondo con esto,
tenía que hacer un cambio.
Yo fumaba y en el último tiempo,
estaba tomando mucho vino,
principalmente sola en mi casa.
La idea era entonces,
ir haciendo una dieta balanceada,
principalmente vegetariana,
ir dejando de tomar alcohol,
ir dejando de fumar,
hacer ejercicio,
meditar,
escribir.
Las últimas tres cosas ya las venía haciendo,
así que restaba enfocarme fuertemente en las primeras tres.
Así comencé,
un proceso muy fuerte de limpieza a nivel corporal,
donde sobre todo al principio sufrí muchísimo la ansiedad,
sobe todo cuando tocaba planes sociales,
los cuales los evitaba rotundamente para no tentarme,
o iba siempre con mi mate a modo salvavidas.
Luego de varios meses,
comenzamos con el protocolo de microdosis.
Voy a ir al grano para no extenderlo.
Son dosis bajas, por eso se llaman microdosis,
y permiten llevar a cabo tu vida normal.
Lo que si me advirtieron muy amablemente,
dado que yo estaba con mucho miedo de experimentar esto,
es que iba a notar todo mucho más claro,
lo que me gusta, lo que no, lo que me molesta, etc.
Es una especie de ayuda para correr información de la mente,
despejando,
ayudando a ver con claridad lo que hay detrás de toda esa bruma.
Y así fue.
Todo lo que sigue a partir de aquí no es fácil de ponerlo por escrito,
con la dedicación que amerita,
y con la importancia que tuvo realmente este proceso para mi.
Espero poder transmitirles de la mejor manera posible esta parte del proceso.
En las primeras tomas, usé unas meditaciones guiadas que me recomendó mi psicóloga,
y tuve varias visiones,
como si fueran una especie de sueños lúcidos,
de esos que vivís muy real.
Y estaba siendo real,
porque no estaba dormida,
estaba despierta viendo toda esa información,
conectándome con ella,
y sobre todo,
sintiéndola.
Primero fueron imágenes dentro de todo tranquilas,
hasta que luego comencé a despertarme en la noche,
gritando,
llorando mucho tipo llanto,
y otras veces hasta escupiendo.
Podía ver y sentir como algo dentro mío se iba desbloqueando.
Mientras esto ocurría en la intimidad de mi casa,
notaba cada vez las cosas más claras,
cuando iba al trabajo,
cuando me juntaba con ciertas personas,
cuando hacía muchas de las cosas que eran cotidianas para mi.
Empecé a experimentar cada vez más la necesidad de verme,
de realmente verme.
Y empezó a ocurrir.
Ya para este punto del proceso, estaba con una alimentación vegana,
sin tomar alcohol ni fumar durante meses,
meditando todos los días con una técnica llamada Vipassana,
técnica de la cual hablaré más adelante,
escribía todos los días muchísimo más de lo normal,
no usaba maquillaje,
comenzaba de a poco a considerar que tenía más cosas de las que realmente necesitaba
y ahí fue que comencé a vender e ir regalando cosas .
Me miraba al espejo,
me contemplaba,
admito que me costaba un poco verme así.
Siempre fui de estar muy arreglada,
muy prolija,
sobre todo en mis trabajos y universidad.
Y de repente me estaba encontrando con una versión mía,
mucho más relajada.
Recuerdo haber hablado con mi psicóloga y comentarle,
que me hacía muy bien no sentir ese peso de tener que estar de una manera,
sobre todo esos días que no me sentía bien,
ya que siempre intentaba ocultarlo.
Quería verme a mi misma,
siendo yo,
cuando estaba bien,
cuando estaba mal,
porque esa era yo también.
Ahí entendí que por algún motivo,
había aprendido que no estaba bien estar mal o mostrarse mal,
y procuré ocuparme de eso durante mucho tiempo,
sin saber todo lo que venía de fondo.
Empecé a recordar cosas de mi infancia,
que sospechaba pero no me animaba a decir en voz alta,
empecé a conectar con mucho dolor que no tenía registro de haberlo podido experimentar.
Es como si se hubiera abierto una gran puerta a un sentir,
que estuvo guardado dentro mío,
y notaba como de a poco iba saliendo cada vez más.
Eran sensaciones claramente nuevas,
y para mi mente no fueron fácil volver a revivirlas,
con este grado de apertura.
Lloré mucho,
grité.
Conecté con un dolor muy grande que tenía dentro mío.
Mucha soledad,
mucha depresión,
mucha incomprensión.
Y lo más difícil de todo esto,
fue darme cuenta,
era que era yo misma.
Yo era la que no me podía ver!
No tenía a absolutamente a nadie a quien culpar.
Eso fue una de las grandes revelaciones.
Sin duda,
no fue un proceso fácil,
fueron meses largos de introspección,
de ver oscuridades,
de tener viajes en meditaciones de mucha conexión
y sobre todo mucho contacto con una oscuridad que pude no solo ver cara a cara,
sino meterme y fundirme en ella,
hasta casi irme por completo.
Ya para este punto,
tenía meditaciones intensas sin microdosis,
y llegaba a planos que no podía comprender desde mi lógica mental.
En una de las meditaciones,
entré en un trance que duró más de cuatro horas,
que es donde sentí este encuentro con la luz de Dios,
y luego pude ver la oscuridad,
la cara y las voces de la oscuridad,
que me decían las cosas que muchas veces yo pensaba,
es como si de pronto pudiera ver en forma humana las voces de esos pensamientos,
como personificados.
Los veía acercándose a mi,
susurrándome al oído cosas muy fuertes,
que yo reconocía que no quería,
pero una parte mía lo tenía tan naturalizado,
que se dejaba llevar.
Y asi fue,
me perdí en esa oscuridad y no lograba volver a despertarme,
estaba consciente que estaba ahí,
fue realmente aterrador.
Gritaba cosas,
como si estuviera experimentando una especie de exorcismo,
fue una especie de guerra espiritual,
entre el bien y el mal,
entre a luz y la oscuridad,
entre Dios y el diablo,
ahí todos conviviendo y batallando en el mismo lugar.
Luego,
cansada de luchar con esa oscuridad,
sabiendo que ya no tenía fuerzas,
reconocí que iba a quedarme ahí,
que ya no iba a poder volver,
y me entregué.
Quedé vacilando en esa vacía y eterna oscuridad,
hasta que empecé a ver a lo lejos una luz,
y ahí me di cuenta que me iba a morir,
que si pasaba al otro lado,
ya no iba a ver vuelta atrás.
Comencé a gritar cada vez con más fuerza,
que quería estar acá.
que no quería irme en esa oscuridad,
hasta que en un momento finalmente desperté.
Quedé en shock durante varios días.
Recuerdo que todavía iba a la oficina,
imaginen en estos estados.
Estaba ida.
Ya estaba en otra realidad,
y cada vez era más notorio que no quedaba mucho tiempo en esta vida.
Tomé mucha consciencia de la vida y de la muerte,
de que no sabemos realmente hasta cuando vamos a estar en esta experiencia,
y tuve ahí mismo la revelación de que esto no quería que sea lo último que iba a experimentar,
habían un montón de cosas pendientes que quería vivir.
Ahí empezó el proceso fuerte de empezar a acelerar los tiempos para poder irme.
Empecé a ver con más claridad todo el sistema en el que estaba inmersa,
de todas las estructuras que me armaba para poder vivir la vida,
una vida que no quería vivir así,
no quería experimentar solo eso.
Sabía que había algo más para mi.
Lo que no sabía era todo lo que venía después de esta gran apertura.
Después de la lucha espiritual de aquella noche,
sumado a todos los meses anteriores de procesos y terapia,
de cosas que salieron a la luz,
empecé a ver en este plano las sombras,
no solo a sentirlas,
sino verlas personificadas.
Y sí,
me asusté mucho.
Honestamente,
siempre había sentido las energías de los lugares,
las densidades,
y alguna que otra vez tuve visiones en este plano y en otros,
pero ahora estaba todo eso en mi casa,
conviviendo conmigo.
No pude volver a dormir en mi cuarto,
hice limpiezas con un amigo mío que entiende perfectamente de todas estas cosas,
hasta que pude de a poco ir integrando la convivencia.
Un día, decidí limpiar a fondo todo el departamento,
de esas limpiezas necesarias que a veces uno necesita.
Cuando terminé, llené la bañera,
y me sumergí.
Cada tanto me gustaba,
quedarme bajo el agua un rato,
aguantando el aire todo lo que podía hasta luego salir,
y en algún punto sentir ese renacer de la nueva respiración.
Pero esta vez,
ocurrió algo muy distinto.
Cuando saqué la cabeza para respirar,
en seguida mi cuerpo se coloco en posición fetal,
casi de manera automática,
cerré los ojos,
me relajé,
y cuando me quise dar cuenta,
comencé a escuchar voces.
Eran las de mi familia.
Estaba en la panza de mi mama,
en su útero.
Pude escuchar conversaciones de todo tipo,
hasta incluso sentir cosas que le sucedían a ella.
Salí del baño,
con muchísima información que en seguida anoté.
Me asusté tanto,
que necesitaba ayuda.
Busqué en ese mismo momento alguien que me abra los registros,
precisaba confirmar esta información.
Claro,
una vez más,
mi mente cuestionando todo.
Iniciamos ese mismo día una sesión,
donde la chica en cuestión,
me terminó trasmitiendo exactamente toda la información que yo misma tenía anotada.
Otro shock de realidad.
Bueno,
mientras estoy escribiendo todo esto,
se me remueven muchas cosas.
Era mucha información.
Sigue siendo al día de hoy.
Sentía que necesitaba comenzar a expresar toda esta información,
no paraba de escribir,
y así fue que empecé a compartirlo en la cuenta que abrí,
en una vez en la vida, siempre.
Comencé a ir a centros culturales a leer sobre todo esto.
Había mucho para expresar.
Había y hay mucho para decir.
Sabía que precisaba un poco de tiempo,
necesitaba espacio.
Busqué un retiro Vipassana,
con justamente esta misma técnica que yo venía haciendo,
hasta que me confirmaron las fechas,
y ahí me fuí.
Un retiro Vipassana es un retiro de silencio de 10 días,
donde dejas tu teléfono,
no podes llevar para leer ni para escribir,
incluye comidas vegetarianas,
y es básicamente un retiro de meditación,
donde meditas desde las 4.30 de la mañana hasta las 21:30 de la noche,
aproximadamente,
y todas las noches escuchas una especie de sermón o tipo charla o curso con todos estos temas y reflexiones.
El tema es que como uno no podía ni leer, ni escribir, ni hablar,
no tenías como sacar toda esa información,
quedaba completamente dentro nuestro,
y tocaba luego convivir con ella.
Es bien estricto.
Es conocido como un proceso de purificación mental.
Ahí,
Estaba sola con mi mente,
sin ningún tipo de distracción.
Tuve muchas revelaciones:
descubrí que era egoísta y me di cuenta que eso era algo que en ocasiones me pesaba,
empecé a sentir miedo de las consecuencias de muchas de las acciones que hice anteriormente, todo eso del dharma, el karma y las reencarnaciones,
pude entender que mi cuerpo físico en este plano precisa un techo, comida y el aire que aún es gratis,
entendí que me armé muchas veces una especie de mundo paralelo para no estar en la realidad,
que tengo una tendencia al escape,
me di cuenta que no tomamos consciencia del poder que tienen las palabras y de como ellas también crean realidades, al igual que nuestros pensamientos.
Fueron días largos,
sobre todos los primeros,
donde uno está como luchando con uno mismo,
porque en definitiva me estaba viendo a mi,
y todo lo que pasaba por mi mente.
Tuve toda especie de pesadillas,
voces y sueños ultra lúcidos.
Mucha fue la información revelada.
Ya pasando los días,
ya me estaba acostumbrando a convivir conmigo,
y honestamente siempre me gustó observar mis pensamientos,
a pesar de que a veces me pierda ahí.
Sentí muchas ganas de querer quedarme ahí,
estaba aprendiendo mucho,
mi vida en apariencia iba a ser mucho más fácil,
y no tener que volver y lidiar con todo lo que sabía que se me venía.
Ahí va una vez más,
el escape del que hablaba.
Aprendí muchas cosas,
y sobre todo muchas palabras que si mal no recuerdo son también del budismo,
que de hecho dos de ellas me las tatué en mi cuerpo,
una es Anicca, que es la impermanencia de todo,
es decir,
todo lo que aparece, así como aparece, tiende a desaparecer.
Habla de lo transitorio que es todo,
incluyendo la vida misma.
Y Adhittana, que es la firme determinación en la decisión de toma de acción concreta.
Cuando volví,
a los dos días no pude sostener más lo insostenible.
Ya era todo muy evidente para mi.
Obtuve demasiada claridad de todo lo que tenía que hacer,
los pasos a seguí.
El camino estaba despejado.
Me rapé,
me tatué esas dos palabras y algunas cosas más,
y finalmente renuncié.
Aquí comienza la etapa de acelere total del proceso,
donde vendí y termine regalando mis cosas,
en un acto desesperado de poder irme cuanto antes.
Mi plan era irme a vivir a córdoba,
a una comunidad que había armado un hombre que ni conocía,
ir simplemente con mi carpa a vivir de la naturaleza,
en una búsqueda impulsiva de salir del sistema,
y del todo.
Claro,
me estaba yendo al extremo.
Ya había oído hablar sobre esto,
que muchas veces en la vida,
uno precisa experimentar los extremos,
hasta realmente encontrar el equilibrio.
Gracias a dios y al destino,
finalmente mis planes cambiaron,
y se los estaré compartiendo en un próximo capítulo.
Quiero contar algo más sobre este año.
Una ceremonia a la que asistí,
que para mi también fue realmente muy reveladora.
Ya en este momento era 21 de Septiembre,
ya había renunciado,
estaba a días de dejar mi departamento,
ya dormía en una bolsa de dormir en el living,
con mi mochila a medio armar,
ya todo casi pronto para partir.
Fui a un temazcal,
que es una ceremonia que se encuentra vinculada a la reconexión del ser,
con la madre tierra.
Luego de una charla,
y una hermosa meditación intencionada,
comenzamos la ceremonia.
Es una especie de sauna,
en este caso hecho con distintas telas,
como una carpa gigante,
donde en el centro hay unas piedras calientes,
y vamos ingresando todos los participantes.
Estamos todos pegados,
uno al lado del otro,
la temperatura comienza a subir,
casi no se puede respirar,
a nivel de que si respiras o suspiras muy fuerte sobre la persona de al lado,
la quemas.
Imaginen el nivel de temperatura que hablo.
Ahí primero experimenté mucha desesperación,
por el calor,
por el encierro.
Luego, una voz adentro me dijo,
que algo yo iba a buscar ahí,
y yo me dije a mi misma,
que no me iba a ir hasta descubrirlo.
Después de varios cantos,
me terminé tirando hacia un costado,
en un acto desesperado de poder respirar,
me acomodé como pude,
revolcándome en la tierra,
a punto de ahogarme del calor,
llorando a más no poder,
no podía encontrar sentido ni lógica,
no entendía por qué estaba haciendo lo que hacía,
me preguntaba una y otra vez por qué me sometía a algo así.
Hasta que vino algo por dentro muy fuerte,
y era una voz que decía:
me merezco estar viva.
Ahí fue,
en ese mismo instante,
donde me entregué,
se me fue el miedo,
se me fue el calor,
se me fue la desesperación.
Conecté y grité,
por primera vez en mi vida,
y en voz alta,
que me merecía estar viva.
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